Animus
. 15 de mayo de 2010. . Sin categoría
He estado todos estos días tratando de enfrentar esta infatuación. Al pensar en el agua que cura, he dado con la lección que mi mente necesitaba y que mi cuerpo aún procesa -es él quien manda, al final.
Eres mi animus reconfortante, mi apoyo, materializado en un hombre. Él ha sido el feliz y sagrado vehículo de tu sabiduría, que has infundido en mí a través de deseo y dolor, las dos fuerzas que mueven mi mundo.
Me he reflejado en ti, y he pasado cuatro hermosas semanas entendiéndome y valorándome, en mi necesario pero desconocido espejo, en mi proyección sanadora que se presentó bajo la forma de un príncipe inalcanzable.
Ahora debo dejarlo ir y quedarme con tu energía… Sé que volverás a mí cuando más lo necesite, sin yo pedirlo, sin siquiera saberlo…
Tuve que pasar por la fase del ataúd de cristal, crisálida inexcusable, que hizo morir lo viejo en mí y madurar lo que debía. El príncipe llegó, pero sentí que desperté solo cuando la caja cayó al piso. Los enanos miraban sorprendidos, el caballero retrocedió asustado. Me levanté, abrí la caja y salí, presta a lavarme la cara.
Ahora sé más de mí misma y me vi en perspectiva, medí mis fuerzas y mis valores, que solo son ficción si no los pones en riesgo.
Sé más de mis límites, y te agradezco y te bendigo por ello… Ahora la luna se encargará de despojar el deseo por la carne del amado señor en que te encarnaste, y el agua purificará toda memoria.
Hacia allá voy











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