Comer y sanar
. 19 de agosto de 2010. . Sin categoría
A principios de año escribí un post sobre 9 áreas por cultivar, un meme o cadena que tiene rato andando por mails, y que, al contrario del 99% de estas cadenas, vale la pena leer con atención. ¿Cuál será su origen? Ni idea, pero siento que tiene que ver con algún autor o autora que ha explorado más allá de las superficialidades que suelen atribuirles l@s exégetas de la autoayuda.
Traigo a colación el post, pues prometí que desglosaría cada una de las áreas en la medida de lo posible, y como solo me gusta escribir acá de lo estrictamente personal, voilá, comienzo por el primer punto:
La DIETA debería ser moderada, saludable y de alimentos vivos. Si quieres ser sustentado, come cosas que sustenten vida en sí mismas.
Cuántas cosas nos han dicho sobre la nutrición, cuántos traumas y luchas de poder se forjan desde chiquit@s a través de lo que se come y lo que no, y cómo. Pero únicamente llegad@s al punto en que sólo comer salva o mata, es cuando nos detenemos a pensar en esa delgada línea. Suena tonto, pero es que NO podemos sustentarnos en comidas que no aporten VIDA.
Que tu cuerpo es tu templo, es otra lección mal aprendida cuya revelación me ha acompañado estos últimos 12 meses. Alimentarse, nutrirse, equivale a desintoxicarse también, limpiar la casa para que el espíritu entre. (Y aquí me detengo para hacer alusiones escatológicas y dementes: las puertas de las iglesias son muy altas para que entre el “altísimo”, tu cuerpo se limpia y oxigena para que tu alma/mente/espíritu/conciencia crezca, en su desmesurada fractalidad, si no le haces espacio, no se expande).
Es paradójico, me preocupé por darle a mi hija lo mejor de mí, mi placenta y mi leche, me alimenté con esmero durante 9 meses de embarazo, pero sentía aún que eso estaba alejado de mí, que yo no lo necesitaba. Mi cuerpo fue el vehículo de la vida en ese momento por milagro -o designio- de la naturaleza, y mi cuidado fue guiado prácticamente por la magia de brindarle un hogar y una nave de transportación a mi hija. Ni hablar de la lactancia, pues, para que ella pudiese apreciar y aceptar desde temprano los sabores de la vida, me alimenté balanceadamente para traspasar a través de la leche sabores y nutrientes.
¿Cuándo ese nexo inconsciente nutrición = bienestar se perdió?
Un día me harté de que se me durmieran las piernas todo el tiempo, y que la fatiga me abrumara. Pero fue mi aliada la frivolidad, porque el malestar fue una insuficiente señal de alarma, y de este modo, si no escuchaba a mi organismo sufriente, olvidado (pues sólo me consideraba una máquina pensante y proveedora), el notar que usaba de nuevo la ropa del embarazo detonó el que buscara una solución.
Y la toma de conciencia llegó por una amiga, cuya palabra fue sanadora conmigo, me liberó. Me dijo que la gordura es un monstruo que nunca se sacia, y me habló de su historia familiar. Cuántas personas sabemos que no pueden salir de sus casas por su peso, que no pueden mantenerse en pie y han roto sus meniscos, pero creemos que eso no nos pasará a nosotr@s.
Como la depresión -también la sufrí una vez-, la gordura siempre se puede llevar al extremo: nunca estás lo suficientemente gord@, ni delgad@, ni depre. Son demonios insaciables que minan nuestra autopercepción, nuestra autoimagen.
Terrible metáfora la que encierra esta época en la que solo nos movemos en estereotipos extremos: la flaca que responde al patrón y es una enfermiza calculadora humana de calorías deseada por todos -o eso cree-, el gordo que es sólo mente y conocimiento cuyo corazón se rompe, no porque las chicas no le “paren”, sino porque el colesterol lo domina. En el fondo, reconocimiento, afecto y carencia determinan la dieta.
El término medio es simple, comer para vivir. Sin fundamentalismos. Vamos, que toda la comida es transgénica, pero puedes dejar de usar tanto glutamato monosódico y apostar por comidas sin tanta cocción o fritas. Que las verduras y frutas son baratas en Venezuela. Que cocinar puede no ser una tarea fácil, pero tampoco tenemos que convertirnos en Sumito Estévez (quien por cierto es un chef muy saludable, a contracorriente de sus colegas) para hacer las correctas combinaciones de alimentos.
Nunca le das a tu gato o perro las sobras, pero ¿qué comes tú? Cocinar y comer es un acto de amor para con un@ mism@. Quiero decir, no importa si no cocinas, pero escoge bien lo que comerás. Date amor, de una forma u otra, no esperes de los demás nada, pero de la vida todo, porque la dominas tú. Meditemos: si comer = amar ¿qué significarán la anorexia/bulimia, la obesidad y preobesidad, la diabetes?
Ciertamente hay trastornos orgánicos y circunstancias históricas que tratar con seriedad. Entre estas últimas, el ocio, el exceso de trabajo, ciertas profesiones, nos hacen tender a la comida chatarra. La crisis de amamantamiento en los años 70 probablemente ha originado la generación que se enfrenta hoy a la pandemia de la obesidad; el boom de la moda y la TV de hace 30 años para acá modela la conducta de jóvenes, niñas y adultas por caber en vestidos impensables para una humana, o por rebelarse ante ello con desmesura. La competitividad, la agresión, el culto a la violencia sexual, nos obliga replegarnos dentro de una armadura de piel… Todo eso puede contra el amor propio, parece ser la cruda conclusión.
Y luego, la difícil y titánica tarea de adelgazar y comer bien es retardada por las creencias y prácticas generales. Si comentas: no puedo comer carbohidratos de tal manera pues sufro resistencia insulínica blablabla, te prepararán, cual ley de Murphy, la más rica crema de espinacas, basada en papas y crema de leche; que nadie adelgaza si no se consigue el Metformin, parece ser el mandato actual; nadie se pregunta tampoco cómo ejercicios, desquiciantes hasta para un atleta de alta competencia, podrían ayudar a un cuerpo destrozado por un excesivo esfuerzo cardiovascular que significa el solo respirar para un organismo colapsado.
Estas son algunas muletas demasiado valoradas, mejor es comer rico y aprender sobre lo que comes. Lo que aprendí de mí, y de quienes han seguido o no algún método natural guiado para adelgazar, es que tenemos un problema de convicción y metas. Digamos, un sabotaje por no traicionar -inconscientemente desde luego- lo que hemos sido por un tiempo. La obesidad se convierte en identidad y lealtad, aprender a nutrirnos puede ser la oportunidad para liberar ese karma.
PS. OK… mi dieta. Creo que hay una vía general que puede seguirse, aunque a mí se me diagnosticó Resistencia Insulínica, por lo que cada quien debe ver como se le adapta este método, muy similar al Montignac, basado en los índices glicémicos. Hoy soy casi vegetariana, pero debo incluir proteínas para acelerar el metabolismo. Así que la carne está indicada, magra, fresca. Nunca debe faltar el verde, especialmente la lechuga. Nunca mezclar grasas con carbohidratos, y tu mayor enemigo son los lácteos. Preferir productos integrales, especialmente el arroz, y ponerle afrecho a las arepas. Mi parte favorita: chocolate negro, vino en las comidas -tinto mejor- y manzanas, santas manzanas. Media hora interdiaria de caminata. Agua suficiente y desayuno fuerte y puntual (que se me hacen muy difícil cumplir. Sigo allí con mis escalones pendientes por transitar en esta ruta sagrada de la nutrición). Esta dieta fue guiada por un médico en que confié, con el que logré vencer ciertas resistencias y temores y sentí seguridad y fortaleza. Consíganse alguien así antes de inventar nada o seguir tips sacados de este post.











