La cabeza de Medusa y el mobbing
. 4 de mayo de 2009. . Sin categoría
Fue allá en los confines del mundo, del lado de la noche. Hermes y Atenea me guiaron. Tomé de unas ninfas las sandalias aladas y el casco de Hades, y con mi espada de oro corté la cabeza de las más mortífera de las Gorgonas.
Hay que tener compasión, porque es muy probable que la necesitemos.
Hay que tener compasión, porque es la única manera de practicarla antes de que la necesitemos nosotros mismos.
Por algún motivo aislado, hoy retrocedí unos años en mi vida, a un episodio muy doloroso, que ha sido mi némesis espiritual desde entonces. Desde ese día estoy luchando contra el odio.
Tal vez para buena parte de las personas el odio sea algo común, pero no para mí, que a fin de cuentas no tomo en cuenta las acciones de la gente, y termino justificando incluso a criminales. Pero luego de estos cinco años no he podido llegar a conclusión diferente a que la furia cura. Hoy (que decidí vivir en la furia, olvidarme de no odiar, que decidí abandonar todo el prejuicio y quemar los papeles ajenos, las miradas furtivas, las mediocridades cotidianas de quienes me rodean), sé que empiezo a sanarme.
Hoy empecé a pensar que puede ser muy real el decir “el amigo de mi enemigo es mi enemigo”, y que mi amor propio solo puede prevalecer sobre sus cráneos amontonados.
Y es que han sido 5 años de prisión sin saberlo, y ¿sabes qué? Eso es maltrato.
Hace cinco años me encontraba concentrada en estudiar y desentrañar los ciclos de violencia doméstica contra la mujer como pareja, e increíblemente yo lo estaba sufriendo del lado laboral. Esto del Mobbing es así, es certero, sistemático, cíclico y justificado por el grupo de poder. Llegas a minimizarte tanto a ti misma, bajo las exigencias irreales de un jefe insensato e incapaz, que cuando llega un juez a redimirte tú eres capaz de decir, sí, soy culpable, lo merezco.
Cuando ese hombre me dijo, no debiste admitir ante mí apenas entré por la puerta que las acusaciones en tu contra tenían asidero real, sentí que caía por un precipicio con una sonrisa de estúpida en los labios. Años me ha llevado superar ese segundo choque, en el que yo misma repetía el papel de verdugo. Medusa es más fuerte, sin duda, cuando está dentro de ti. Y luego, si no te miras al espejo, eso puede repetirse. Bajas la guardia, la vida te lleva, y otros depredadores aparecen.
En esta situación solo dos cosas pueden salvarte: un espejo y la furia. Odia, odia, que el fuego que inicies quemará también tu odio, pero no te quedes sentada poniendo la otra mejilla, porque si lo haces significará que no te has dado cuenta de que ya has sido desollada, y expondrás lo último que te queda para que también lo incineren en el altar del sacrificio.
Y agradece al espejo. El espejo se presenta en forma de una persona frágil y transparente como tú, que estará bajo tus órdenes y dependerá de tus decisiones para quedarse y trabajar. Cuando la desmerezcas, cuando la humilles, cuando sientas que no le toleras, aparecerá un espejo frente a ti, te verás a ti misma, y verás que el único papel de una gerente o de una tutora es enseñar, es brindar la mano y aportarle tu conocimiento. Al verse reflejada, la Medusa morirá.
Entonces, tendrás compasión de ti misma, y dejarás de consumirte en el complejo del acoso laboral.
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Sí, a veces no queda otro camino que recurrir al odio como remedio contra el miedo, cuando la otra medicina, el amor, se niega a traspasar la puerta.
El amor es tan poco argumentado… verdaderamente. Gracias