True Blood
. 19 de agosto de 2010. . Sin categoría
No quiero sentir el chorro
cada vez con menos fuerza;
ese chorro que ilumina
los tendidos y se vuelca
sobre la pana y el cuero
de muchedumbre sedienta.
¡Quién me grita que me asome!
¡No me digáis que la vea! García-Lorca
Hace un rato hablaba con mi esposo de la odisea de unas mujeres conocidas para acceder a una solución en un caso de violencia sexual. En contacto con mi red de apoyo hice un breve paseo por suicidio de jóvenes universitarios, suicidio de una chica violentada, embarazos no deseados productos de la violación, embarazos adolescentes en 24% de los casos nacionales, imposibilidad de interrumpirlo por vías legales, imposibilidad de dinero para hacerlo en condiciones aceptables, madres solteras sin trabajo y sin capacidades, indefensión frente a la familia y sus conceptos patriarcales, el asalto a un autobús cargado de niños por parte de otros menores. Sangre, sangre, sangre…
Recordé que hoy un amigo escribió un post titulado ¿Aun siendo el peor quien puede juzgarme? y supe que todos son víctimas, menores de 25 años, incluso los victimarios.
Esto es la violencia como modo de vida y único discurso.
Mi hija entró al cuarto mientras yo hablaba con una especialista y empezó a saltar en la cama.
Luz.
Este video de OneChot que les dejo ha despertado hoy una discusión sobre la trasnochada pero reencauchada práctica de la censura de medios. Para mí fue la guinda de la torta en un día en el que solo he oído hablar de l@s jóvenes como carne de cañón de una guerra invisible. Larga vida al artista.
No estoy criando a una hija para que sea víctima de un estado de cosas prehumano, fortuita o activamente. Tenemos que entender que la creación no se detuvo para hacer brillar nuestros vientres y luego terminar en las urnas de la violencia.










