. 28 de junio de 2008. . 1 Comentario » . General
Una niña todavía, en edad y experiencia, aparentemente, mujer, se lanza a la aventura imprescindible, según mentes conservadoras y castradoras, de ser madre. Ingrediente esencial para la dificultad materna, es no haberse terminado de criar una misma.
Algunas mujeres tenemos que criarnos-crearnos a nosotras mismas, aceptar que la base no fue todo lo sólida que debió, y continuar sin culparles hacia la conquista del self. Internarse en el bosque de convertirse en mujer no es tarea bendecida por esta sociedad, es más fácil pasar desapercibida, no tener elección, seguir la corriente, dejar pasar…
Pero ahora, esa niña indisciplinada, que crece buscando rebelarse quién sabe a quién (un padre ausente, una madre patriarcal) tiene un hijo, y ve en él todo lo que ella ha querido ser, de manera testaruda y desafiante, impostura al fin.
Alergias, enfermedades exóticas, desplantes, incomprensiones, una que otra caída azarosa, de todo hizo desde niña para llamar la atención y pedir permiso para tener su lugar en el mundo. Ahora lo tiene y pretende gritarlo a los cuatro vientos: SOY MADRE, SOY ACEPTABLE.
Pero ella no es aceptable por ser madre, al menos no para sí misma, porque ella sospecha, conoce del vacío que ha sido su vida, en la cual no ha tenido oportunidad ni siquiera de conocer el menú de helados, mucho menos de escoger y saborear uno.
Porque la vida no es comerse el plato: es concebirlo y prepararlo… es hurgar en el menú hasta encontrar el platillo que se espejee en tu alma y diga tu nombre con su dulce aroma.
El primer paso para dejar el mundo como está (violento y devastado) es esta maternidad inconsciente y cobarde. Ya que intentar hacer algo diferente en la vida está vetado, nuestras pequeñas vocecitas son incapaces de cantar en otro tono. No desentonar, esa es la consigna, crecer y hacerte madre, qué importa la participación del padre.
Abnegación, abnegación, tal como la virgen María. Si la crianza está aderezada con vajillas enteras por fregar, otros niños o ancianos por cuidar y un marido de buen comer, tu gloria como mujer está asegurada.
Si realmente hubiese una santa heroína custodia de las esposas y amas de casa, debería tener una espada de fuego como la Candelaria para cortar y erradicar esta obsesión social de no permitirte crecer, dejar de ser niña y de controlarte y tutelarte.
Pero las santas son partes del status quo, son cómplices de la encarcelación de las madres.
Mientras más macho críes a tus hijos, narcisos, autoritarios, con déficit de atención y concentración, enaltecerás la Patria. Mientras más obnubiladas por las ollas, las muñecas y la ropa críes a tus hijas, enaltecerás la historia.
Esta noche, una anciana morirá, y sus niet@s verán en su lecho de madera este rostro de espera perpetua, de anhelo por la adultez y la independencia. Este anhelo que parece decir, ¿por qué no me pasan el menú a mí también? digo, para poder decidir qué comer…