El equinoccio de septiembre y tú

. 19 de septiembre de 2009. . Sin categoría

Autumn Colors

Aunque podamos ser un poco escépticas en lo que se refiere a la celebración de solsticios y equinoccios, en un país donde no conocemos cuatro estaciones -y vaya que con el cambio climático, ni siquiera sabemos si estamos en sequía o en lluvias- invito siempre a tomar estas celebraciones ancestrales por dos razones.

La primera es por honrar precisamente nuestra memoria genética. Podemos ser criollit@s, pero en nuestra sangre corre el mestizaje de culturas que se basaron en los hechos cósmicos para sobrevivir, aunque fuese psíquicamente, que a veces es lo más importante. Indígenas, europeos, africanos, todos los mitos de creación y adoración del cosmos pueden correr por nuestras venas y mantener encendida la llama de la humildad y el respeto por la naturaleza.

La segunda por la que recomiendo las celebraciones es por atraer la magia a nuestras vidas. No esa magia en la que no dependemos de nosotr@s sino de un(a) extern@ que nos cobra y nos pone a comprar peroles en un mar de angustia. Se trata de la magia que hemos olvidado, la que realmente nos hace creativ@s y productiv@s: conectarnos con nuestros ciclos, analizar las correspondencias del interior y el exterior, forjar el bienestar, reconocer las sincronicidades.

Por ello, yo retomaré el equinoccio del otoño como una preparación para lo que nos viene en este hemisferio, el invierno y fin de año. Recogeré los frutos y almacenaré la cosecha para prepararme para los meses de reflexión que se avecinan. El otoño, se corresponde con la Diosa en gestación avanzada -que dará a luz en el solsticio de invierno al Dios- y con un Dios anciano, que sabe que pronto morirá y observa y evalúa con esperanza todo lo que ha legado. Es el fin de un ciclo.

Se trata de honrar a los elementos. Para ello ensayaré un ejemplo de ritual que puede realizarse este 21 ó 22, aunque yo no sería tan estricta en eso, puede ser cualquier momento de la semana.

Nunca hay un día cualquiera

Jogging !Digamos que trotas o haces caminatas en algún momento del día. Cómo ritualizar este momento y adecuarlo a la simbología del equinoccio. Imaginemos un día entero de magia:

Toma un baño de sol y agradécelo, en la playa, la montaña, el bosque o un parque. Si trotas, medita sobre esto durante el tiempo que dure tu ejercicio, aunque estés en la calle, que el sol irradie tu cuerpo y tu alma haciendo brotar de ti la luz misma. Si no haces ejercicio, tómalo como un día de trabajo cualquiera, en algún momento podrías recibir la luz del sol… aunque llueva.

Inhala y exhala conscientemente, en vibración con el elemento aire, que te hará más reflexiv@, creativ@, imaginativ@ y expresiv@. Piensa en tus labores, en cómo la comunicación y la generación de ideas son importantes para ti cada día. Siente cómo la brisa toca tu rostro como un amante o una madre, apoyándote y prometiéndote sus favores.

Al llegar a casa báñate largamente. Toma un pañito blanco (o el que tengas), dóblalo en cuatro y humedécelo. Frota todo tu cuerpo, de abajo hacia arriba, incluyendo las plantas de los pies y la coronilla, orejas, cuello, que no se quede nada sin frotar, exprimiéndolo regularmente. Luego procede a tu baño relajante con el jabón que más te guste o esencias. Si puedes finalizarlo con un poco de agua tibia que contenga hierbas, mucho mejor.

Puedes andar descalz@ en casa para no desconectarte de la tierra y masajear tus pies luego del ejercicio. Tal vez colocar una vela en un lugar visible (y seguro) te ayude a sentirte calmad@ y más relajad@ a la vez que te mantiene en contacto con el fuego del sol.

Aromatiza la casa. Pon en la cocina una ollita con agua y tápala hasta hervir. Habrás añadido antes ramas de canela, esencia de vainilla, romero y cáscaras de limón, naranja o mandarina. También puedes hacer tu combo de aromas basándote en aceites esenciales y colocando un sachetero, pero la olla funciona muy bien porque al quitar la tapa el vapor, que es muy benéfico para la salud, se distribuirá por todas partes.

El otoño posee colores tierra, ocres, amarillos, trata de que las esencias escogidas pertenezcan a frutos con ese tipo de colores, y tal vez una decoración especial, como unn mantel.

La comida

Nuts and dried fruit, Kashgar BazaarEl momento más lindo será la reunión en familia. Algunas familias tienden a no comer juntas a la mesa sino cada quien por su lado, en sus cuartos, viendo tele, frente al computador, etc. Que el equinoccio no se convierta en una situación obligante para cambiar las rutinas. Si logran sentarse tod@s junt@s y compartir el momento, fantástico. Si no, pon una trampa a quienes se escapan de la mesa: un buffet, ese será el punto de encuentro; que la comida sea mágica, abundante, prueba a realizar platillos exóticos y poner música para llamar la atención. Si cada miembro aporta, excelente.

Si no te da pena, coloca allí como “decoración” una especie de altar a la Pachamama y a la Diosa de las Aguas (Yemanyá, la Virgen de Regla, lo que tu costumbre te indique), platos con granos y espigas, calabaza o auyama, naranjas, frutos secos, cereales, etc. La cena (o almuerzo) puede ser con base en este tipo de alimentos.

Piensen poética y religiosamente. Para l@s católic@s, y los no católic@s, el Salmo 23 dará qué pensar. Hay muchas invocaciones Wicca, de Arcángeles, de Feng Shui, etc. que pueden leerse o meditar en ellas. Lo mejor sería crear la tuya propia, dos serían los motivos principales:

  1. Agradecer por todo lo recibido
  2. Prometer que se protegerá a la Madre Tierra y se le devolverá lo recibido

Piensen junt@s y conversen sobre lo que esperan recibir y las cosas buenas que les ha pasado durante el año. Relájate antes de dormir, con nueve respiraciones profundas y medita sobre el día mágico que tuviste…

¡Feliz cosecha!


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