Diabolique
. 17 de noviembre de 2009. . Sin categoría
Un ángel me sopló al oído el secreto. No duermo mejor ni peor por haberlo escuchado: La verdad de Luzbel es su reposición a la caída, y que, después de su madurez, no volvió a ser inferior a su padre nunca más.
Cayó desnudo, lloró y rabió, uso vestidos, ropajes, creció hasta más no poder. Amedrentó mentes estúpidas y brillantes, se mimetizó entre los mortales, hasta que se confundió.
Un tanto hacía Dios.
Sus ciclos se muerden la cola en la cuna de los tiempos. La mariposa no terminará de salir de esta danza. Estamos condenadæs a la repetición, al espejeo, a la aberrante reflexión. En todo un espejo, en todo una sombra.
La criatura humana encontró la esmeralda y el báculo, creció y envolvió a los titanes. Mientras ellos deliraban en su poder, la criatura los destronó. Aquéllos, sin saberlo, se volvieron tan torpes y ebrios como los humanos -y a esta hora aún lo ignoran-, descendieron a la ignominia que tanto desdeñaban.
Poesía, Filosofía, Religión e Ideología se han sucedido como emperatrices tras el imperio de lo humano. No más seres infernales, fantasmagóricos o celestiales se disputan el poder. Es el reino de lo material.
En la danza infinita en la que todo sigue igual, sin darse cuenta de las defenestraciones, se suceden unos y otros, creyéndose siempre amos y no esclavos. Ninguno es más perverso que otro, en ninguno hay paz ni bondad.
Regreso a mi almohada, esta noche recuperaré más joyas del suelo.










