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El aprendiz de mago y el inconsciente

. 2 de Noviembre de 2009. . Cine, Semiosis

En esta meditación sobre Fantasía de Walt Disney, me ha interesado desde el inicio, aunque debo confesar que ha sido inaprensible para mí y por eso no había escrito sobre ello, el ambiente mágico y tenebroso que se respira en “The Sorcerer’s Apprentice”, la pieza que ha catapultado a Mickey como uno de los iconos del siglo XX.

La verdad, a mí toda Fantasía me parece misteriosa, por lo que no me extraña que su público sea más adulto que infantil, aunque me han escrito en los comentarios a este blog que muchas niñas han recordado acá sus antiguos placeres de ver la película. Yo me maravillo con lo retro, con la posibilidad de ser bidimensional en un mundo dominado por Pixar, al contrario de mi hija, fascinada con la simulación de la animación más vanguardista.

Pero volviendo al tema, somnolienta como el mago y su aprendiz, imbuida en la música de Paul Dukas y fascinada por el mítico sombrero del mago, encuentro por fin que lo que me lleva a ver “El aprendiz de brujo” con tanta curiosidad es la promesa del descenso al inconsciente que entraña.

Me parece haber oído leyendas urbanas acerca de pactos demoníacos sellados por Disney y concretados en esta obra como homenaje al nuevo dueño de su alma. Esto no hace más que querer entender mejor por qué voy como sonámbula hacia una obra protagonizada por un personaje cuyas obras posteriores casi me repugnan (hablo de Mickey).

Y es que aquí no lo veo. No voy a decir acá que Mickey nos representa a tod@s porque todos seamos traviesos, impacientes e imprudentes como él, pero sí nos refleja, porque deseamos el poder, más aún el poder de un mago.

Recuerdo “Las ruinas circulares”: el mago que tenía un aprendiz retraído, al que amaba como un hijo a pesar de su mediocridad, y de saber que no dominaría el arte como él, pero que nunca se enteraría de ello. Esta es la otra cara. Un alumno mediocre crea su Fantasía al apropiarse de un objeto del Demiurgo durante una noche de libertades.

Al inicio, el mago reproduce un vampiro que se convierte en mariposa, los monstruos pueden ser hermosos, sí, más los monstruos que provienen de nuestro inconsciente, que además nos sanan. Creo que este es parte del truco, enfrentarnos con la sombra, a la que tememos, desde el principio.

Otra imagen del inconsciente, sin duda, es el agua. Mientras duerme, el aprendiz sueña que junto al sombrero poderoso de Yen Sid el Mago (léalo al revés) llega a dominar las galaxias, los fenómenos naturales y los astros. En realidad, debería estar pendiente de la escoba que es su vicaria, pues él debería estar en labores menores, y este descuido origina una inundación espectacular.

El agua inunda el castillo mientras duerme, además inicia en el sótano, en lo más recóndito de la edificación, lo más oscuro y escondido, casi desconocido. El accidente se convierte en marea casi incontrolable, a la vez que la personalidad vicaria del aprendiz se multiplica en miles, haciendo más difícil llegar a una solución.

No debe soslayarse la terrible escena de la mutilación por la que Mickey trataba de eliminar a su alter ego y que terminó con el ejército de astillas acarreando agua. Es una escena verdaderamente diabólica y enigmática, pues es el clímax de un personaje dulce y alegre cuya angustia lo lleva a un acto de violencia explícito, sobre todo, porque la escoba ha sido humanizada.

Para arreglar todo, el Mago, el patriarca, un símil de Dios y el Poder: LA CONCIENCIA, despierta y pone orden. Se cumple nuestro deseo del orden frente al caos de lo desconocido, se le pone un dique a las aguas de la psique que no son aceptables, porque son el flujo interminable e incoherente de la fantasía.

Creo que, a pesar de que esta pieza corresponde a una narrativa lineal prescrita desde la composición de Dukas, al igual que “Una noche en la árida montaña”, es la verdadera fantasía de la obra, y el sueño del equipo de dibujantes, directores, animadores (asociados a Disney como su gran mentor) espejeando. Tal vez esta abismación es lo que me obsesiona de la obra.

Absolutamente pagana, absolutamente oscura, casi contracultural, se hermana con la Pastoral y con el espacio de Chernabog en la celebración de esa otra cultura subyacente a la burguesía americana de la época, la de los temores y fantasmas ancestrales que son exorcizados de la realidad. Como sucede con todo lo revolucionario, su icono (Mickey) terminó siendo el héroe del Disney institucional, pero esa es una historia muy aburrida sobre la que nada tengo que decir.

1 Respuesta para “El aprendiz de mago y el inconsciente”

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